¡ Y yo más !

Y yo más representación fotográfica

Hay padres y profesores que defienden el concepto de competitividad. A veces lo confunden con el de competencia, y otras ocasiones, están convencidos de que dotan a sus hijos de una actitud que les hace estar más adaptados al entorno del futuro.

Vemos con las relaciones diarias constantemente compitiendo a los adultos, niños y adolescentes. Violencia de género, bullying, pandillas con un líder que anula al resto de componentes, demostraciones de poder…, incluso, se compite verbalmente con los “zascas” que tachamos de ingeniosos y graciosos en muchas ocasiones. Tenemos que ser conscientes de lo que generamos fomentando la competitividad entendida como superioridad.

¿Hay que fomentar la competitividad? ¿Es motivador?

Según Adler y la Disciplina Positiva, el ser humano tiene dos metas muy claras en todas sus acciones: lograr el sentimiento de pertenencia (ser tenido en cuenta) y el de cooperación o deseo de contribuir.

Por tanto, la competitividad es positiva dependiendo de cómo la entendamos. Será importante trabajarla, siempre que se entienda como un aspecto que nos ayude a disfrutar del juego o del aprendizaje con afán de superación personal y por tanto, superar dificultades.

Enseñemos a los niños que si ganan no deben abusar de los demás, si no se perdería el afán contributivo.

Somos responsables como padres y educadores de que aprendan a luchar por el proceso, no por el resultado. Debemos desarrollar la competencia como aptitud para hacer algo.

Recuerda que como para todo, tú eres su referente.

Jorge Segado resalta hablando de pautas para hijos competitivos:

que la única superioridad que te vean reconocer sea la verdad”, y ese es el mejor legado que puedes dejarles para que desarrollen habilidades de futuro y que les permita ser competentes.

Para mí, lo positivo se recoge en el afán de superación personal. En el juego, en el deporte y en la vida, hay que divertirse, disfrutar de los aciertos y no frustrarse con los errores, aprender de ellos y mejorar. Tenemos que fomentar la diversión en cada una de las facetas de la vida, y conseguir que cada reto personal se presente como un desafío y que estén dispuestos a arriesgar. Los niños deberían estar dispuestos a probarse, sin miedo ni culpa por cometer errores, siendo para ellos oportunidades para aprender y descubrir soluciones diferentes para alcanzar sus objetivos o metas. El mismo objetivo puede conseguirse de varias formas, y esforzándose para conseguir el objetivo es posible que también trabajen la creatividad buscando soluciones a los baches cotidianos.

Esta forma de ver el mundo, se practica y se aprende como todo. Analiza ¿Qué haces tú cuando pierdes? ¿Echas la culpa a los demás? ¿Te enfadas? ¿Cómo ven que reaccionas?

Todos queremos hijos resilientes, revisa también tu respuesta cuando ellos participan en alguna actividad. Cuando lo hagas, igual que queremos que lo hagan ellos, no te culpes si hasta ahora no has trasmitido de forma correcta el mensaje, tómalo como una oportunidad y un aprendizaje para ti y tu hijo o alumno y practica tu nuevo enfoque.

Es importante que todos los niños se sientan bien, capaces y realicen actividades que les gusten, en las que destaquen. También es importante que a veces motives actividades en las que no lo hagan tanto y deban esforzarse para que aprendan a reconocer los avances, disfrutarlos y trabajen la empatía.

Revisa si a menudo usas expresiones del tipo:

A ver quién gana

Así no vas a ganar nunca

No sirves para esto

Tu hermano sí que corre rápido

No gané porque mi compañero era mal jugador.

Recuerda que, si sólo valoras ganar, estás generando un gran nivel de estrés en ellos y posiblemente estarás provocando que esa actividad que les exiges deje de motivarles, es frustrante pensar, que nunca podrás alcanzar aquello que las personas a las que quieres esperan de ti. La autoestima disminuirá y también la motivación. Si no es así, pueden desarrollar una superioridad que en muchas ocasiones pueden defender con violencia porque siempre hay alguien mejor, y trabajarán para alcanzar la perfección inexistente.

Recuerda que hay niños con gran espíritu competitivo y es positivo siempre que aprendan a controlar la auto exigencia. Si sólo valora ganar, si su bienestar depende de esto, vivirán con gran nivel de estrés y no serán capaz de disfrutar con el juego ni del trabajo en equipo.

En cuanto al papel de la educación, me remito al Informe Delors, que nos guía hacia las claves de la educación global de nuestros hijos y que es responsabilidad de todos:

“La educación a lo largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser “.

Los sistemas educativos generalmente dan más importancia al conocimiento. Para aquellos padres que piensen aún que la competitividad es importante para capacitar a sus hijos hacia un futuro exitoso, la única manera de que progresen en este momento actual de incertidumbre y cambios es asegurarnos de la educación en su globalidad, en los 4 Pilares Delors.

Empecemos por autoevaluarnos y analizar el sentido que le damos al esfuerzo, y recordar la gran oportunidad como impulsores de un futuro mejor que tenéis en la mano con la educación de los niños.

Vamos a cambiar la educación, vamos a por una sociedad mejor.