Lo que haces educando, cuenta.

 

 

La prensa, la televisión, las redes sociales, lo que sucede en nuestro barrio, lo que nos cuentan. Imagino que todos nos hemos preguntado alguna vez qué está pasando, y cómo se podría solucionar.

Luchas de poder, expresiones de violencia o venganza, llamadas constantes de atención para alimentar el ego. La forma de relacionarse con los demás cada vez está más lejos de cualquier parecido al respeto y la igualdad. Hemos dejado atrás aquello que parece tan sencillo y que todos hemos apelado alguna vez como el sentido común. Estamos convirtiendo este maravilloso mundo en un lugar difícil para respirar y tanto es así que muchos hasta se ahogan en el intento.

Si algo no te gusta  ¡cámbialo!

No nos merecemos esto, para nosotros, para nuestros hijos, tenemos el deber y el derecho de ser felices. Lo mejor de todo es que la Disciplina Positiva puede ayudarnos a que sea diferente. No conseguiremos un mundo ideal, pero seguro que nos aproximamos y disfrutamos más del camino.

Necesitamos Disciplina Positiva para todos. No sólo podemos aplicar sus principios con los niños, si no que el cambio debe comenzar por nosotros como responsables de aprovechar la oportunidad para hacerlo mejor. Sabemos lo que queremos como padres y lo que tenemos que trasmitir. La forma de relacionarnos entre nosotros será la que ellos desarrollen.

Los principios de la Disciplina Positiva transmiten valores.

La forma de interactuar con nuestros hijos debe estar basada en el Amor, el respeto y la igualdad. Relaciones de tú a tú, no de superioridad. Tenemos que ser promotores de la empatía, necesaria en nuestra casa y fuera de ella para aceptar posturas diferentes a la nuestra. Crear un ambiente para que nuestros hijos se sientan tenidos en cuenta, que son importantes, que tienen algo que decir, que se les escucha porque lo que piensan es significativo y que también aprendemos de ellos porque son parte del equipo, de la familia, de la sociedad.

Si los niños tienen responsabilidad en la comunidad se sienten capacitados.

Si ellos se sienten motivados no tendrán que buscar eses sentimiento de importancia mediante conductas equivocadas. Conseguiremos que desarrollen capacidad de autocrítica y una autoestima suficiente para no buscar la aprobación ajena.

Debemos enseñarles a desarrollar las fortalezas porque focalizar el esfuerzo en lo positivo suma en el conjunto del grupo, y todos tenemos alguna.

En un ambiente de colaboración en las familias y escuelas experimentarán la responsabilidad de crear un mundo mejor con normas que nos beneficien a todos y la capacidad de cambiar aquello que sucede y no sirve para crecer como personas.

Tenemos que hacerles llegar que somos una unidad familiar, formamos parte de una comunidad y entre todos nos apoyamos. Crear un ambiente de confianza, para que sientan las seguridad de que vamos a estar para guiarles hasta que desarrollen todas las habilidades, para darles la mano ante las caídas y para que vean cómo nosotros ya adultos seguimos practicando porque a menudo cometemos errores y queremos mejorar.

Los errores son oportunidades para aprender.

Por otra parte los profesores o educadores tienen que ser conscientes de la preciosa oportunidad para trabajar la motivación a través de la emoción en las aulas y este sentimiento de equipo tan necesario para no alimentar el interés individual, el egoísmo, la competitividad para ser mejor que los demás. Necesitamos que nuestros hijos tengan interés en aprender, en superarse, en esforzarse y disfrutar de ser ellos cada vez un poco mejor.

Los adultos sabemos que con el paso del tiempo algunas palabras se olvidan, la interpretación de los hechos puede tener diferente punto de vista que en el pasado, pero lo que alguien nos hace sentir permanece en el tiempo y es capaz de cambiar una conducta.

Debemos educar desde la emoción. Si conseguimos que los niños se sientan bien, proyectarán algo positivo.

La Disciplina Positiva nos ofrece herramientas para conseguirlo. Imagina tu mundo perfecto, seguro que se parece mucho al mío, ahora nos toca hacerlo realidad.

“Qué privilegio ser maestro!¡ claro que sí! Tratando de estas cosas , les comenté : cada padre y cada madre sois como 100 maestros “

(Libro Infancias . Editorial Grao )

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